El deber de la supervisión en las obras públicas

Todo buen ciudadano debe ser consciente de sus derechos pero, especialmente y por encima de todo, de sus deberes y la extensión y complejidad de ellos. En muchas ocasiones se encuentra que estos deberes son asimismo derechos. Por ejemplo, el derecho al voto se traduce a su vez como un deber, algo que se espera de un ciudadano responsable.

Otro derecho, que también es un deber, es la supervisión de obras públicas o actividades ligadas a la vida civil. En muchos estados modernos, es común que a los ciudadanos se les informe el alcance de ciertos proyectos públicos. Es decir, cómo estos pueden afectar a una comunidad.

El ser conscientes

Cada construcción nueva o remodelación acarrea una serie de consecuencias. Como bien se dijo antes, estas pueden afectar multidimensionalmente diferentes aspectos de las personas. Es por eso que las autoridades tienen el deber de informar a las personas de tales aspectos y del cómo se invertirá el dinero público.

A su vez, los ciudadanos pueden y deben exigir esa información. Una comunidad puede nombrar a un voluntario para realizar las gestiones de supervisión o contratar a alguien para dicho fin. Estos supervisores deben velar que se cumplan los planes estipulados por las autoridades.

También, deben controlar el manejo del presupuesto y, en caso de aumentarlo, justificar el porqué de tal medida. Vigilar el cumplimiento de las medidas de seguridad en las comunidades aledañas a la obra y garantizar la protección del medio ambiente o de los recursos naturales de la zona, entre otros planes.

A lo largo de la historia, se han presentado protestas en donde las comunidades cancelaron ciertas obras públicas, porque consideraban que eran perjudiciales. Un caso reconocido fue el ocurrido en Rusia en el cinturón verde de Moscú: los bosques se vieron amenazados a causa de la construcción de una carretera que requería la tala de los árboles. Después de largas y agotadoras protestas, el proyecto fue cancelado por el presidente.