El voluntariado y la ciudadanía

Un aspecto relevante para el desarrollo de una comunidad y nación en general es el sentido de la ciudadanía. Esto quiere decir que las personas se ven a sí mismas como agentes activos en el cambio y crecimiento de sus comunidades.

Muchos autores, como la pensadora Adela Cortina, señalan que es importante insertar, obligatoriamente, la enseñanza ciudadana en la educación, desde el nivel básico básica hasta los últimos años del sistema; es decir, los centros de estudios públicos y privados deben ayudar a educar y, por ende, a formar ciudadanos responsables.

Orientar a los jóvenes acerca de qué es ser un ciudadano no solo implica ejercer sus derechos: también una serie de obligaciones. Dichas obligaciones transcienden más allá del voto y el pago de impuestos: conllevan una participación proactiva de los miembros de la comunidad en las diferentes actividades de la vida pública o civil.

El voluntariado como demostración de buena ciudadanía

Un ejemplo claro de un individuo con un desarrollado nivel de madurez en lo que respecta a su rol social sería el ejercicio del voluntariado. Esta persona puede colaborar en diferentes aspectos de su comunidad; por ejemplo, en la limpieza de los espacios públicos, ayudar a personas necesitadas, participar en trabajos orientados al cuidado ecológico, organizar ferias o festivales, así como trabajos de vigilancia, entre otros oficios.

El ser voluntario, como su nombre lo indica, debe ser una elección libre. Se refiere a que el sujeto tiene la libertad de participar en tales actividades por decisión propia y no por obligación.

Si hay algo que demuestra el nivel de ciudadanía de un poblado o lugar, es el número y la calidad de sus voluntarios. Esto denota el amor que sienten los ciudadanos por su comunidad y, como ya bien se dijo, el sentido de pertenencia a ella. Se cuida lo que se quiere.